El Consulado de la República Argentina en Canarias, en colaboración con la Asociación de Periodistas de Santa Cruz de Tenerife (APT), organizan la presentación del libro La pasajera clandestina, de la artista plástica canario-argentina, radicada en Francia, María Amaral. El acto tendrá lugar el próximo jueves, día 23 de marzo, en la sede de la Asociación. La presentación, a la que han sido invitadas autoridades y cuerpo consular, así como amigos e interesados, dará comienzo a las 19.00 horas y será conducida por el presidente de la APT, Salvador García Llanos. A continuación, el periodista Juan Carlos Díaz Lorenzo, decano del Cuerpo Consular, ofrecerá una pequeña conferencia sobre los barcos del exilio y la emigración, tema del que es un experto.
El embajador Luis María Sobrón, cónsul argentino en Canarias y autor del prólogo del libro de Amaral, presentará a la escritora y explicará algunos aspectos destacados de su obra, en la que es constante la defensa de los derechos humanos a lo largo de las distintas etapas de su vida y de su obra pictórica. Amaral también dirigirá unas palabras al público.
Tanto el libro como la muestra retrospectiva de María Amaral, que se está realizando en el Liceo de Taoro de La Orotava, se enmarcan en el centenario del nacimiento de sus padres, que vieron la luz en Tenerife en 1923, y recorren su trayectoria de vida, la historia de su familia, y su obra artística, que transcurre entre Canarias, Buenos Aires y París, donde vive siempre en el compromiso y el deber de memoria.
Tras la Segunda Guerra Mundial, en 1947, el abuelo de María Amaral huyó de las Islas Canarias, escondido en las bodegas del barco holandés Volendam, que traía a refugiados víctimas del nazismo rumbo a Argentina. Tres años después, su padre (que había sido condenado a muerte y posteriormente absuelto, en Canarias), su madre y un hijo pequeño partían hacia Buenos Aires en otro buque. María iba en el vientre de su madre y nació el 25 de diciembre de 1950 en territorio rioplatense.
María Amaral, artista plástica
En 1967, tras el golpe militar de Onganía un año antes, le toca a ella conocer el exilio con toda su familia. Francia los recibe y en Estrasburgo primero y luego en París, obtiene el Diploma Superior de Artes plásticas en la Escuela de Bellas Artes, donde se afirma su destino de artista.
El expresionismo alemán, Munch, Van Gogh, el período azul de Picasso y, sobre todo, Kâte Kollwitz, así como los grandes pintores latinoamericanos Guayasamin, Siqueiros, Rivera, Carpani y Lam, fueron sus primeras fuentes de inspiración, alejándose de los movimientos estéticos de los años setenta para acercarse a la realidad de los seres humanos, María Amaral se dedica a describir el alma latinoamericana: sus raíces, sus mestizajes y sus sufrimientos.
Al principio estaban lo negro y lo blanco, atados por un soplo invisible que llamamos el trazo. Y es con el trazo de un duro carbón que María Amaral se expresa durante más de veinte años. El dibujo, el grabado, la litografía, el afiche y el poster fueron instrumentos que dominó rápidamente.
Un deslumbramiento, un rayo de luz aparece en los años ochenta: el color estalla entre lo negro y lo blanco. Quizás el amor y la maternidad fueron la causa o la razón de este cambio, y de la denuncia fue surgiendo la presencia de un ser, demasiadas veces humillado, así como la prueba de un exilio sin resignación.
En la convulsión actual, es a través de la tauromaquia como María Amaral ha optado por describir la turbulencia y la precariedad de nuestras vidas. Con el tango nos transmite una cultura mestiza y nómada que libera los cuerpos de sus cadenas. A través de la fusión de cuerpos y rostros, nos transmite inquietud y el gesto inmemorial de la pareja y, por eso mismo, nos remite al misterio de la pasión.